24 de julio de 2010

Guía de un curso de retiro


CURSO DE RETIRO

Algunas ideas que pueden ayudar


INTRODUCCIÓN.

El examen lo tienes que hacer tú a tu modo. Es muy importante el que hacemos todos juntos en el oratorio. Lo que aquí te sugiero son cosas relacionadas con las meditaciones que se van dando, para que no se te olvide algún tema. Pero tú también tienes que hablar con el Señor de otros asuntos que rondan por tu cabeza.

Es importante que termines el curso de retiro con la agenda bien llena de ideas y propósitos. Si pasas bastante tiempo en el oratorio, habrás aprovechado muy bien tu curso de retiro anual. Pero, a veces, compensa irse a la sala de estar o dar una vuelta, para cambiar y airearse. En esos momentos puedes leer alguno de los libros o folletos que se señalan para ese momento, que están seleccionados según los temas de las meditaciones y charlas. De ahí sacarás también puntos para examinarte y propósitos. Por supuesto puedes cogerte cualquier otro libro que trate de cosas de la vida interior.
¡No te agobies! Lo que quita la paz, no es de Dios. No se trata de torturarse buscando defectos, sino de convencerse de lo mucho que Dios te quiere e intentar corresponder.

No te olvides tampoco de que puedes aprovechar estos días para ayudar a otros a hacer el curso de retiro con tu ejemplo de piedad, recogimiento, silencio y aprovechamiento del tiempo.

SI ES TU PRIMER CURSO DE RETIRO.
Un curso de retiro no son unos días en los que lo que se hace es rezar el Rosario, oír meditaciones, alguna charla, etc.; del mismo modo que un coche no es sólo un volante, más cuatro ruedas, más alguna puerta, etc.

De lo que se trata es que busques un encuentro más personal, más de tú a tú, con Dios; donde Él habla y escucha, y donde tú hablas y escuchas, con más facilidad. Las cosas que se hacen (meditaciones, charlas, etc.) son medios para que lo consigas.

Pero ¿qué es eso de un encuentro con Dios? El que lo ha tenido sabe lo que es (y está al alcance de cualquiera que quiera). La única respuesta definitiva es pruébalo y verás. En resumen: se trata de que te conozcas y de que Le conozcas. ¡Qué salgas decidido con un propósito firme de servirle y amarle!

QUÉ COSAS IMPORTAN.
1. Oratorio: Dios está físicamente allí. Es clave pasar muchos ratos, sin prisa, con Él, mirándole. Tú le miras y Él te mira.

2. Silencio: No se trata de no hablar por no hablar, sino de no hablar porque estas hablando y dando vueltas a asuntos con Él. …Dios habla “bajito”.

3. Libreta: Ayuda escribir mucho, pero mucho. ¿Se puede escribir en el oratorio? Se puede y, de hecho, lo lógico es que vayas rellenando la libreta en el oratorio, junto al Señor. Te sugiero estos tres apartados:
• Ideas madres: oirás y leerás muchas cosas. Toma nota cada vez que veas algo con más claridad, o algo que te parece interesante.
• Examen: todo lo que vayas reconociendo acerca de ti mismo, el examen que hagas, vete escribiéndolo.
• Cosas para hablar despacio con el sacerdote: asuntos que nunca has aireado, preguntas, temas más profundos que puedan inquietarte.

Lo primero que te vendrá bien al comenzar es pensar: ¿por qué he venido?, ¿cómo es que estoy aquí? Resulta que igual ni te apetecía, que ni siquiera querías venir…

No te preocupes, es lo normal.

Pero te ha traído alguien, alguien te ha animado; has caído en la cuenta de que tenías que hacerlo, y ya está…, más vale cuanto antes…

Todo esto está muy bien, y es verdad, pero ¡te equivocas!: en el fondo, al final, de verdad, estás aquí porque te ha traído Dios. No te sonrías. Es así de fuerte. Él, Jesús, es quien se ha servido de ese amigo, ese sacerdote, para lograr que vengas a estar estos días a solas con Él.

Si no estás en gracia, puedes al menos pedirle perdón desde ya, y sacar el propósito de que antes de que empiece la primera meditación, te acercas al oratorio y te confiesas. O, mejor, pregunta si todavía sigue por ahí el sacerdote y está disponible.

Quizá te puedan servir, aplicado al curso de retiro, lo que dijo el Papa en Colonia:

«Os agradezco que hayáis decidido venir a Colonia. Algunos de vosotros podría tal vez identificarse con la descripción que Edith Stein hizo de su propia adolescencia, ella, que vivió después en el Carmelo de Colonia: “Había perdido conscientemente y deliberadamente la costumbre de rezar”. Durante estos días podréis recobrar la experiencia vibrante de la oración como diálogo con Dios, del que sabemos que nos ama y al que, a la vez, queremos amar».

Ya sabes que has venido aquí, en primer lugar, a hacer examen de tu vida; a conocerle y conocerte. Es posible que te asuste no saber por dónde empezar… o que te dé pereza.

¡Ánimo! No te hagas el tonto y pasa de todo lo demás. Es posible que hayas venido junto con un amigo, o que tengas miles de cosas en la cabeza.

Pues olvídate de todo y a lo tuyo… a charlar con Él, a acercarte un poco más a Él, porque “Acercarse un poco más a Dios quiere decir estar dispuesto a una nueva conversión, a una nueva rectificación, a escuchar atentamente sus inspiraciones ¬―los santos deseos que hacen brotar en nuestras almas― , y a ponerlos por obra” (Forja 31).

Pídele al Señor ayuda para ver en qué ha de consistir tu conversión, y que te ayude a excavar con valentía en tu alma, a descubrir con sinceridad lo que no funciona y a Él no le gusta, a tomar decisiones firmes.


Pídele ayuda al Espíritu Santo:
“¡Ven, oh Espíritu Santo! Ilumina mi entendimiento para conocer tus mandatos; fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo; inflama mi voluntad… He oído tu voz, y, no quiero endurecerme y resistir diciendo: Después..., mañana. Nunc coepi! ¡Ahora! No vaya a ser que el mañana me falte. ¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría. Espíritu de entendimiento y de consejo. Espíritu de gozo y de paz! Quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras”.
EXAMEN.

1. ¿Me doy cuenta de que soy hijo de Dios, tengo confianza con Él y acepto las contradicciones? ¿Qué rezo todos los días? ¿Tengo interés en tratar a Dios? ¿Voy a lo mínimo? ¿Soy constante? ¿Me acuerdo de hacer el ofrecimiento de obras al levantarme? ¿Y al comenzar el trabajo? ¿Renuevo con frecuencia la intención de hacer las cosas por Dios?

2. ¿Tengo cariño a la Virgen María? ¿Se lo demuestro? ¿Rezo el Ángelus? ¿Llevo el escapulario? ¿Rezo tres avemarías por la noche?

3. ¿Creo que Dios está en el Sagrario? ¿Le trato bien? ¿Con qué frecuencia asisto a la Santa Misa? ¿Con qué frecuencia le recibo en la comunión? ¿Me preparo bien para recibirle, o comulgo con cierta ligereza? ¿Procuro agradar a Cristo cuando le recibo? ¿Dedico unos minutos a la acción de gracias tras de Misa; o me voy y olvido que Jesús sigue dentro de mí? ¿Hago la Visita al Santísimo todos los días?

4. ¿Con que frecuencia me confieso? ¿Tardo en hacerlo si no estoy en gracia de Dios? ¿Me confieso con profundidad, enseñando a fondo las heridas?

5. ¿Hago todos los días un rato de oración? ¿Lucho contra el sueño, la imaginación, las distracciones y procuro hablar con el Señor? ¿Apunto los propósitos?

6. ¿Tengo amistad y trato frecuente con mi Ángel Custodio?

7. ¿Sé hacer pequeños sacrificios? ¿Se los ofrezco al Señor?

8. ¿Hago el examen de conciencia antes de acostarme? ¿Todos los días? ¿Doy gracias por las cosas buenas? ¿Pido perdón por mis fallos y pecados? ¿Rezo con devoción las oraciones de la noche?


Por un lado, es preciso reconocer muchas cosas buenas que hay en ti: virtudes, cualidades, aspectos de tu carácter, tus buenas disposiciones ante Dios (que estés aquí ya es un dato).

Qué bueno es:
• Que las reconozcas, porque son verdad.
• Que las reconozcas como dadas por Dios.
• Que vayas viendo si has correspondido a Dios, si las has puesto al servicio de Dios y de los demás, si las has hecho fructificar.

Por otro lado, hay que mejorar. Sigue con el examen, que te ayudará mucho.

EXAMEN.

1. ¿Qué me alegra? ¿Qué me entristece? ¿Qué me enfada? ¿Qué envidio? ¿En qué me distraigo con frecuencia? ¿En qué pienso, en qué tengo la cabeza? ¿Qué tengo en el corazón?

2. Si he destronado a Dios, ¿quién hace de “dios” en mi vida? ¿Ante quién me rindo? ¿Quién manda en mí? ¿Quién maneja mi barca? ¿En quién pienso más a lo largo de un día normal?

3. ¿Es frecuente que me decida a hacer o no hacer algo por que: “me apetece”, “qué pensarán de mí…”, “como quedo si hago o digo esto”, “no hago tal porque no me interesa”, “no tengo ganas”, “es que, no lo siento…”.

4. ¿Cuál es mi mayor defecto dominante? Ejemplos en los que queda claro.

5. ¿Soy hipócrita al actuar? Ejemplos: ¿De qué voy por la vida? ¿Quién me he creído? ¿Cómo describiría la máscara con la que me he disfrazado para evitar que sepan cómo soy? ¿Qué cosas son las que más quiero disimular porque más me avergüenzan?

6. ¿Tengo una doble vida? ¿Cómo soy realmente? ¿Me porto de forma distinta en sitios distintos para que no sepan como soy?

7. Dios me ama. ¿Y yo a Él? ¿Sobre todas las cosas? ¿Quiero ser santo aunque el camino sea cuesta arriba?

8. Dios es tu Padre. Habla con Él un poco acerca de sentirte su hijo muy querido, su predilecto…, qué quiere decir eso, si te das cuenta, y a ver hasta dónde llegas.

9. Es propio del hombre tener miedo a Dios ¿Tienes miedo a algo? ¿Qué temes que te pida?

Quizá te des cuenta ahora de lo poco que te duele haber ofendido a Dios a lo largo de tu vida, y corresponder tan poquito a todo lo que Él te da todos los días (tu fe, tu vida, tu familia, tus amigos, etc.).

Es importante que le pidas perdón de verdad por todo, y que le pidas que te dé verdadero dolor de los pecados. Ese dolor de amor es un don de Dios que hará que no le vuelvas a ofender. Pídeselo a la Virgen, al pie de la Cruz en la que su Hijo está clavado por tus pecados. Ella si que sabe lo que han provocado tus pecados. Pídeselo con insistencia. Que te lo dé… ¡Pues ahora no respiro, hasta que me lo des!

EXAMEN.


1. Trabajo: ¿He perdido el tiempo? ¿Se lo he hecho perder a los demás? ¿Me esfuerzo? ¿Termino mis trabajos precipitadamente? ¿Se dejar el ordenador o la televisión para hacer el trabajo de casa ayudando a mi mujer y mis hijos? ¿Ayudo a quien puedo y sé pedir ayuda cuando lo necesito?
2. Pureza: ¿Quiero vivir la pureza? ¿Qué medios estoy dispuesto a poner? Pensamientos. Palabras. Deseos. Conversaciones. Vista. Actos. Amistades inconvenientes. Lo que nunca he contado… ¿Quieres vencer o no? ¿Cuido los detalles de pudor y de modestia, que son los guardianes de la virtud de la pureza?

3. Soberbia: Si te atreves, haz examen con el punto 263 de Surco.

4. Fortaleza: ¿En casa me escaqueo siempre que me toca echar una mano, o quieren contar conmigo? ¿Sé acudir con prontitud a atender el teléfono o abrir la puerta, o pienso que ya irá otro? ¿Cuánto tardo en levantarme de la cama? ¿No ibas a ceder en las discusiones por cosas sin importancia? ¿Mi fe la dictan mis amigos? ¿Me dejo llevar por el “que dirán”?

5. Generosidad: ¿Doy de lo mío? ¿Calculo antes de dar? ¿Me quedo con lo mejor o con lo peor? Si hay poco de algo (tiempo, comida, agua, sitio) ¿me privo yo de eso, o prefiero que se prive otro?

6. Sinceridad: En la dirección espiritual, con el sacerdote ¿Soy transparente? ¿Quedan secretos o temas que no trato con claridad?

7. Mis padres: ¿Escucho a mi mujer, esforzándome por comprender sus razones, o, quizá, no hago caso de lo que me dice, pensando que tiene un planteamiento equivocado? ¿Me doy cuenta de que tengo la obligación de quererla mucho y de respetarla siempre? ¿Procuro esforzarme por hacerle la vida agradable, con pequeños servicios, interesándome por sus cosas, etc.? ¿Trato de comprender sus puntos de vista, procurando ver siempre el lado bueno de las cosas que me dice?

PUNTO DE EXAMEN.

¿Qué quiere Dios de mí, y qué estoy dispuesto a darle?


Posibles propósitos.

Apunta con claridad en tu agenda o libreta:

1. Plan de vida: qué normas de piedad harás. Dónde. Cuánto tiempo. A qué hora.
2. Ahora haz tu lista de propósitos del curso de retiro: Saca los que quieras, pero ten en cuenta que es mejor que no sean muchos. Deben ser claros y concretos. El que más ayuda puede ser con frecuencia el tener la decisión firme de ser constante en la dirección espiritual. Sobre todo si es semanal. Así avanzaré decididamente en mi vida espiritual y mi afán de santidad.

Medita las siguientes frases de San Josemaría y haz propósitos.


• «Aquí estoy, porque me has llamado, decidido a que esta vez no pase el tiempo como el agua sobre los cantos rodados, sin dejar rastro» (Forja, nº 7).

• «Señor, que no nos inquieten nuestras pasadas miserias ya perdonadas, ni tampoco la posibilidad de miserias futuras; que nos abandonemos en tus manos misericordiosas; que te hagamos presentes nuestros deseos de santidad y apostolado, que laten como rescoldos bajo las cenizas de una aparente frialdad... ―Señor, sé que nos escuchas» (Forja, nº 426).